Control de Plagas en Establecimientos Educacionales

El control de plagas en establecimientos educacionales (colegios, internados, liceos, universidades, centros de formación técnica, etc.) no difiere mayormente del procedimiento que es necesario llevar a cabo en otro tipo de entidades (reconocimiento del lugar, detección de puntos de riesgo, planificar el control, recomendar reparaciones o alteraciones ambientales, llevar sistemas de registro, ejecutar el control y monitorear actividades de plagas).

La gran diferencia surge por la naturaleza misma del lugar que recibe, diariamente, a un importante número de alumnos, muchos de ellos corresponden a niveles de párvulo y enseñanza preescolar (niños entre 0 y 6 años) y estudiantes de educación primaria (ciclo básico de 8 años), por lo que un universo alto de niños que asisten regularmente, no superan los 12 años de edad. Esta situación nos pone en un delicado escenario debido a la naturaleza propia de algunos niños (curiosa, inquieta y arriesgada), por lo que se requiere de la máxima discreción por nuestra parte, para llevar a cabo un control de plagas que sea efectivo, pero seguro a la vez.

Todos estos ambientes de estudio deben ofrecer la garantía absoluta de seguridad en términos de higiene, de estar libres de contaminación y por ende, libres de todo tipo de plagas, reduciendo así la transmisión de posibles enfermedades, algunas de ellas pueden relacionarse directamente con la presencia de vectores plagas (cuadros de diarrea por contaminación de alimentos por presencia de fecas de roedores, por mencionar alguna). Al mismo tiempo, debe considerarse que las repercusiones de un problema de esta naturaleza pueden ser desproporcionadas, debido a la cobertura que pueden brindarle los medios de comunicación y la sensibilidad propia de la sociedad para estos temas.

Para entender cuán importantes son estos establecimientos para la vida de cada una de las personas, debemos contabilizar la cantidad de años que transcurren desde que un individuo nace, hasta que ingresa al mundo laboral (para un promedio importante de personas, pueden transcurrir alrededor de 25 años), es decir, gran parte de nuestra vida la desarrollamos en estos ambientes. Además, de alguna manera, continuamos por muchos años más ligados a través de la educación de nuestros hijos.

El crecimiento de la población en nuestro país en los últimos años se ha incrementado rápidamente, es por esta razón que las autoridades y específicamente el Ministerio de Educación, ha tenido que destinar importantes recursos para aumentar significativamente el número de colegios para la enseñanza escolar. De igual modo, los establecimientos de educación superior también han tenido que crecer en igual proporción, fundándose nuevas sedes, universidades, institutos, etc., por lo que el potencial mercado para las empresas de control de plagas no deja de ser interesante.

En este sentido, existe una gran variedad de construcciones que se diferencian entre sí por el tipo de arquitectura, estado de deterioro, materiales utilizados, recursos invertidos, mantención, etc. Esto hace que el tipo de plagas que pueda presentar un establecimiento determinado, difiera completamente al compararlo con otro. Ejemplo: Presencia de termitas en construcciones de madera. También influirá en el tipo de plaga, la ubicación geográfica del establecimiento. Ejemplo: Palomas en edificios del centro de Santiago.

Dentro de cada establecimiento, encontraremos también distintas zonas que las harán más o menos propensas a la existencia de determinadas plagas. Ejemplo: Sector de cocina, presencia de cucarachas. Sector de laboratorios y talleres, presencia de arañas de rincón.

Al igual como se propone para otros establecimientos, debemos confeccionar un mapa o plano, demarcando en él las zonas de riesgo y el tipo de plaga predominante. Se recomienda elaborar un manual de procedimiento, donde hay que establecer el número de visitas, las frecuencias de tratamientos, los productos a utilizar, las dosis, el tipo de aplicaciones y especialmente definirse los días y los horarios en los que se ejecutarán los trabajos, evitando así, la presencia de los alumnos. Por cada visita, se redactará un informe señalando las actividades realizadas, los hallazgos, novedades, recambio o reposición de cebos, las faltas observadas (actitudes del personal o problemas de infraestructura que debieran alterarse), los productos y las dosis utilizadas, etc.

Para el control de roedores, como se mencionaba al principio de este capítulo, se encarga la máxima discreción. Todos los puntos de control deberán estar bien escondidos y las revisiones deben efectuarse sin que ningún niño esté presente. Todos los puntos de control deberán estar señalizados en un plano. Estos mismos deben fijarse al terreno o a los muros y debe chequearse en cada visita que no falte ninguno.